
traducción por Carlos Grau
Los buscadores de fósiles de cualquier estirpe, aficionados, profesionales o mercenarios, somos conscientes de que lo que buscamos está muerto y enterrado desde hace mucho tiempo. De igual manera, también compartimos la esperanza de que aquello que los espasmos de la Tierra hacen ver la luz pueda ser algo desconocido, inimaginable y que, naturalmente, seamos nosotros quienes lo hallemos.
Recordemos los tiempos en los cuales se hablaba de malvadas madrastras y hermanastras, y de bondadosas hadas madrinas. En un cuento bien conocido, la desdichada virgen languidece en la cocina mientras el príncipe lucha contra los tentáculos de los envidiosos añorando a la encantadora que cumplirá sus sueños. ¡Que historia!, de Cenicienta a Prima Donna. Aparentó por mucho tiempo ser Cenicienta hasta que este aficionado invitó al Profesor Leonardo Branisa, paleontólogo mas importante de Bolivia, a una excursión desde Cochabamba a Sucre.

La mayor parte del viaje transcurre a través de un terreno montañoso y agreste, con ocasionales valles convertidos en empinadas pasturas para cabras o inclinados campos de maíz. La excepción consiste en el estrecho valle de 30 Kms. de largo , donde desde tiempos inmemoriables los campesinos Quechua han subsistido a sus propios ritmos, entre sequía y más sequía. Como una particular costumbre, rara vez vista en otras comunidades andinas, las rústicas chozas están acompañadas de silos cilíndricos, de 8 pies de alto, techados con lo que a la primera impresión del viajero, aparentan ser sombreros chinos. El pueblo de Aiquile es el anfitrión de las ferias regionales. La unica sorpresa para un español traído del Siglo XVIII sería la ocasional bombilla eléctrica y la calle de cemento construída luego que los mortificados vecinos se cansaron del polvo que levantaban los camiones que llevaban cemento desde Sucre. Desafortunadamente, ésta tambien resultó dañada en un reciente terremoto que sacudió la región.
Aiquile ofrece posadas para quienes viajan a la antigua capital colonial, ahora sede de la Corte Suprema boliviana. ¿Qué mas atraería a alguien a pernoctar? Yo debería ser merecedor de una comisión por la amplia variedad de visitantes que he traído con el sólo propósito de preparar esta publicación. Llegando desde el Sur al valle del pequeño pueblo de Negro Pujio, un tímido niño me ofreció un enrollado especímen de Matacryphaeus rotundatus, el cual envié al Doctor G.D. Edgecombe en Sydney. El recibió alegremente la oportunidad de estudiar las estructuras protectoras de la familia de los calmónidos.

Branisa y Smith salieron de paseo al este de Aiquile en busca de afloramientos del Devónico que pudiesen brindar trilobites y otras delicias. En una ladera a unos 22 Km del pueblo un camino hacia una curva a la sombra de una desértica acacia. La erosión estaba rasguñando el sudario que cubrió la vida marina de hace tanto tiempo. Entre los ejemplares que recuperé ese día había una endurecida bola de arcilla, del tamaño de un puño, y con la bisimetría justa para retar al respeto. La Cenicienta de esta historia habia salido de los Andes centrales bolivianos. Ciertamente, que mejor lugar para su reconocimiento que el Museo Americano de Historia Natural. Por supuesto, antes tenía que pasar varias pruebas: ¿Era real?, ¿No era un engaño?, ¿Tan sólo un geodo? ¿Un peligro para la raza humana?. Al fin la experiencia del hada madrina: la varita mágica para ver a través del polvo de los tiempos, la visualización de su verdadero potencial por parte de un joven paleontólogo de pronunciado acento neoyorquino. Brujería al estilo de Niles Eldredge, quien con su colega Steven J. Gould recientemente sacudió el mundo de la biología con su concepto de una evolución regida por el equilibrio puntuado.
El Doctor Eldridge había tenido en el pasado varias experiencias que lo llevaron a levitar hasta el microscopio, en anticipada emoción ante el brillo que ya esperaba ver en esta belleza. Por un lado, como especialista en trilobites habia resuelto ya varios problemas concernientes a los phacopidos americanos. Ahora se encontraba cara a cara con un fósil boliviano, y no hace mucho que habia publicado evidencias de que un espinoso trilobite de Bolivia, que se pensaba era un phacópido, en realidad era un miembro convergente de una familia completamente distinta. Además, cuando fue estudiante Eldredge estudió ciertos aspectos particulares del cangrejo cacerola o cacerola de las Molucas, Limulus polyphemus, bien conocido como "fosil viviente". Entre los artrópodos este animal, que no es un cangrejo, se incluye entre los xiphosúridos de la Clase Merostomata.
Con el fin de prepararla adecuadamente para su presentación, Eldredge la confió a los amorosos cuidados del preparador estrella Frank Lombardi. El la limpió cuidadosamente, sacó a relucir su gracia oculta, maquilló sus ojos...¿ojos? los paleontólogos que la habían examinado, incluso aquellos que le concedieron legitimidad, no lograron ver las facetas oculares del ejemplar. Niles los distinguió a primera vista a través de las lentes del microscopio. Con esto, la Cenicienta se reveló como un cangrejo cacerola del Devónico, maravillosamente preservado. El mundo se detuvo a mirar, a admirar, en la exhibición del mes en la sala principal del Museo, y en la "Arthropod Conference", patrocinada por la OTAN, en Noruega, 1973. Entonces se presentó con su nombre científico completo: Legrandella lombardii.

Más que una "reina por un día", la señorita Legrandella lombardii continúa ganándose el reconocimiento del mundo. Antes de presentar nuestras felicitaciones deberíamos aclarar que otros "familiares" han aparecido. Un ejemplar muy similar fue hallado en un cajón de fósiles bolivianos del Smithonian. Se sabe que un colega del Doctor Branisa colectó otro ejemplar a algunos kilómetros al Norte de Aiquile. Un afortunado paleontólogo descubrió en Bolivia parte de un cefalón entre los fósiles de un vendedor callejero de Cochabamba. Por último, quizás, pero para mi gran satisfacción, colectando con el Doctor Greg Edgecombe en la famosa localidad de Padilla, en Chuquisaca, a unos 400 kilómetros al SE de Aiquile, tuve la suerte de descubrir y colectar otro ejemplar, un poco más golpeado por los años.
Este hermoso merostomado tenía una gran variedad de asociados: trilobites, braquiópodos, moluscos, peces y otros phyla han sido hallados al mismo nivel estratigráfico: la biozona de Francovichia, en la Formación Ida de los departamentos bolivianos de Chuquisaca y Cochabamba. Esto sugiere un ambiente fértil y hospitalario durante la incursión de mares fríos al corazón de la antigua masa terrestre de Gondwana.

Los rasgos de esta bella del baile han contribuído al entendimiento de un invertebrado inusual. Sus representantes actuales son sangrados por las propiedades antibióticas de su azul sangre. Su estructura ocular es estudiada por la información que pueda proporcionar al análisis de la visión humana. Así mismo, fue elegida como logotipo del Congreso Latinoamericano convocado por la Sociedad Paleontológica de Bolivia en 1987. ¿Acaso no les parece conocida la historia?. Quizás por esto fue el único género fósil mencionado e ilustrado por Euan N.K. Clarkson en su libro "Invertebrate Paleontology and Evolution". De una colina en medio de América del Sur, a un libro de texto de categoría superior, la odisea de una Prima Donna.